Por Mariano Cosentino

No hace falta ser millonario para estar en riesgo

Por qué tus ahorros también están expuestos, aunque no tengas un patrimonio alto

Históricamente, la industria financiera ha concentrado sus esfuerzos en atraer, fidelizar y retener a individuos y familias de alto patrimonio. El foco estuvo puesto en los segmentos conocidos como High Net Worth (HNW) y Ultra High Net Worth (UHNW), donde la escala del capital justificaba la creación de estructuras sofisticadas, servicios personalizados y equipos dedicados. Bancos privados, multi-family offices y boutiques especializadas desarrollaron su propuesta de valor en torno a estos perfiles, construyendo un ecosistema diseñado para grandes patrimonios y dejando implícitamente fuera a otros segmentos.

En términos generales, se considera HNW a aquellos individuos con patrimonios superiores a los USD 5 millones, mientras que el segmento UHNW se reserva para patrimonios significativamente mayores, usualmente por encima de los USD 30 millones y, en muchos casos, en rangos mucho más elevados. Estas categorías no solo reflejan niveles de riqueza, sino también umbrales de acceso a determinados servicios: planificación fiscal internacional, estructuras societarias complejas, optimización patrimonial avanzada y gestión integral del capital bajo esquemas institucionales.

Sin embargo, en paralelo a este enfoque, la industria ha tendido a ignorar una porción sustancial del mercado. Se trata de profesionales, comerciantes y empresarios que, sin alcanzar esos niveles de patrimonio, han logrado construir capital a lo largo de años de trabajo, riesgo y disciplina. Para este grupo, el capital no es un dato estadístico, sino la materialización de un proceso personal significativo. Ese patrimonio, aunque menor en términos absolutos, enfrenta riesgos reales y merece ser protegido, resguardado y gestionado con el mismo criterio que los grandes capitales.

En ese espacio intermedio se ubica un segmento claramente identificable, aunque pocas veces definido con precisión. Hablamos de individuos con patrimonios que oscilan entre USD 30.000 y USD 500.000, y aquellos que se encuentran entre USD 500.000 y USD 5 millones. A este conjunto lo denominamos SMNW (Small & Medium Net Worth). No se trata de una categoría formal de la industria, sino de una forma de conceptualizar un universo de inversores que ya superaron la etapa inicial de acumulación, pero que aún no acceden a soluciones estructurales diseñadas para grandes patrimonios.

Desde esta perspectiva, emerge un principio que redefine el enfoque tradicional: el derecho a estructurar patrimonio no surge del tamaño del capital, sino de la exposición al riesgo que ese capital enfrenta. Toda acumulación patrimonial, independientemente de su magnitud, está sujeta a riesgos legales, fiscales, macroeconómicos y operativos. Por lo tanto, la necesidad de orden, previsibilidad y protección no es exclusiva de los grandes patrimonios, sino inherente a cualquier proceso de acumulación de capital en entornos complejos.

Para este segmento intermedio, la respuesta histórica del mercado ha sido la figura del asesor financiero tradicional. Sin desmerecer su rol, este tipo de servicio suele enfocarse en el acompañamiento en decisiones tácticas: asignación de activos, selección de instrumentos o timing de mercado. Sin embargo, rara vez aborda los aspectos estructurales de la planificación patrimonial, como la arquitectura legal, la eficiencia fiscal o la protección frente a contingencias. En consecuencia, el inversor queda cubierto en la superficie operativa, pero desprotegido en el diseño de fondo.

Esto resulta particularmente relevante si se considera que la necesidad de protección patrimonial no comienza en los USD 5 millones, ni la complejidad legal o fiscal aparece únicamente en grandes estructuras. Estas variables existen desde etapas mucho más tempranas del proceso de acumulación. Sin embargo, el acceso a soluciones que contemplen estas dimensiones ha estado históricamente restringido por el costo. Las estructuras tradicionales, diseñadas para grandes patrimonios, resultan económicamente inviables para capitales más pequeños, generando una brecha evidente entre necesidad y acceso.

En los últimos años, no obstante, comienzan a surgir propuestas que buscan cerrar esa brecha. Algunas firmas están desarrollando estructuras eficientes en costo, que ofrecen niveles de protección adecuados sin incurrir en la complejidad y el overhead de los esquemas tradicionales. Se trata de soluciones diseñadas bajo una lógica de optimización costo-beneficio, donde la ingeniería financiera se adapta al tamaño del patrimonio, permitiendo acceder a herramientas antes reservadas para segmentos más altos, pero bajo una arquitectura más liviana y accesible.

Este enfoque, aún incipiente, puede conceptualizarse como “right-sized structuring”. No se trata de simplificar por simplificar, ni de replicar en versión reducida modelos diseñados para grandes fortunas. Se trata de diseñar estructuras proporcionales, donde cada componente —legal, operativo y financiero— responde a una lógica de eficiencia y pertinencia. En un contexto donde la estabilidad no está garantizada y el riesgo es transversal, esta aproximación no solo amplía el acceso, sino que redefine el estándar de cómo debe pensarse la estructuración patrimonial en el segmento medio.

En definitiva, el verdadero desafío ya no es solo construir capital, sino entender bajo qué estructura ese capital se sostiene en el tiempo. Durante años, la industria delimitó quién podía acceder a ese tipo de soluciones en función del tamaño del patrimonio. Sin embargo, ese criterio empieza a mostrar sus límites en un contexto donde el riesgo es cada vez más transversal. La pregunta, entonces, deja de ser si el capital es lo suficientemente grande, y pasa a ser si está correctamente estructurado para enfrentar lo que viene.